5/2/12

Trabajadores pobres en España: los nuevos excluidos del siglo XXI

Trabajadores pobres en España: los nuevos excluidos del siglo XXI.

La exclusión social es un fenómeno antiguo. En todas las sociedades, cuando no han sido estrictamente hablando auténticas sociedades de exclusión en la que ésta estaba generalizada, ha habido una parte más o menos grande de la población que no ha participado del banquete al que todos las demás personas estaban invitadas.

Los excluidos son los que ni siquiera pueden decir que son los últimos o que disfrutan de poco, sencillamente porque no cuentan, porque ni siquiera son parte de algo, a veces, incluso formalmente hablando porque ni disponen de declaración legal alguna que los reconozca como personas.

Son, en muchas ocasiones, auténticos no seres , los que carecen hoy día de papeles o, mucho peor, los que a pesar de disponer de ellos no forman parte del abanico de relaciones sociales de todo tipo con las que los demás tejemos con mayor o menor fortuna nuestra vida personal y social.

Unas veces, los excluidos lo son porque carecen de los recursos materiales mínimos para garantizarse a sí mismos el acceso a la vida social y a los bienes de los que depende la satisfacción elemental sobre la que se hace posible la interrelación personal o grupal; otras, porque son enfermos completamente desatendidos o porque sufren discapacidades, o porque son perseguidos o literalmente dejados fuera de todo por su raza o por sus creencias o ideas de cualquier tipo.

En todos los casos, porque nada se hace para integrarlos o porque, si se hace, no se logra que se incluyan efectivamente en la vida social.



Desigualdad y exclusión en el capitalismo.

Ni siquiera las sociedades modernas más avanzadas han podido desterrar por completo este fenómeno y hoy día los excluidos, los que no solo carecen de todo sino que además están fuera de la posibilidad de acceder al reparto, son cientos de millones en todo el planeta.

¿Qué son, si no, los 854 millones de “personas hambrientas” que según la FAO hay en el mundo, los 45 millones de refugiados que van de un sitio a otro sin destino, los 300 o 400 millones de niños “invisibles”, en palabras de UNICEF, que no tienen “acceso adecuado a la educación, a las vacunas que pudieran salvarles la vida, o a los más mínimos programas de protección”, o qué son los casi 500 millones de personas de todo el mundo que la OIT calcula que no reciben más de un dólar diario de ingreso, o incluso los 1.300 millones que no llegan a los dos dólares?.

El capitalismo es un sistema económico intrínsecamente desigualador y, por tanto, generador de pobreza.

No puede ser de otra manera porque está basado en la universalización de las relaciones de mercado y éste es un simple mecanismo de intercambio que funciona a partir de la desigual dotación original de recursos con que los diferentes seres humanos lo hemos de utilizar para tratar de satisfacer nuestras necesidades.

Y al actuar sobre esa desigualdad inicial sin ninguna capacidad redistributiva, la reproduce e incluso produce otras desigualdades añadidas de mayor envergadura.

Sin embargo, lo cierto es que, con independencia de ese carácter desigualador, el capitalismo ha podido generar una notable inclusión social gracias a que este sistema económico puede convivir, en mayor o menor medida según la correlación de fuerzas sociales que haya en cada momento, con un factor que puede servir de contención de esas desigualdades: la presencia de normas y poderes públicos, exógenos al mercado, con capacidad para modificar la distribución de la renta originalmente surgida de las relaciones de intercambio que allí se llevan a cabo.

Gracias a ello ha habido épocas o países en los que se ha podido reducir la desigualdad incluso en niveles muy considerables, como puede ser el caso, hoy día, de algunas naciones del norte de Europa.

Por otro lado, en el capitalismo también hay un elemento que, a pesar de que es la expresión paradigmática de la asimetría social que lleva consigo, puede ser un importante factor de inclusión para los que inicialmente no tienen nada en la vida social.

Me refiero a la relación salarial que, por muy esclava que pueda ser, constituye al fin y al cabo un vínculo entre los trabajadores y el sistema social que ha permitido durante muchos años que la incorporación de los trabajadores en el mercado de trabajo haya sido una garantía bastante efectiva para evitar su exclusión de la vida social.

De hecho, ha sido fuera de la relación salarial donde tradicionalmente se ha producido el gran vacío.

Quienes no disponían de salario eran los que principalmente corrían el riesgo de quedar marginados y excluidos porque, como decía la economista británica Joan Robinson, en el capitalismo hay algo peor aún que ser explotado por un capitalista: no ser explotado por nadie.

El empleo de grandes masas de trabajadores a cambio del salario ha sido, efectivamente, un poderoso mecanismo de inclusión en el capitalismo.

Facilitada por una mínima formación previa (que ya de por sí proporcionaba recursos humanos que hacían posible la movilidad y la participación en la vida social), la incorporación a los mercados de trabajo abría sin mucha dificultad las puertas al disfrute de un salario que permitía acceder a otros bienes como la vivienda, o disponer de ingresos suficientes para crear la familia que a su vez servía de puente hacia la integración y la socialización que procuraban estabilidad personal y colectiva y bienestar, más o menos amplio pero siempre dentro del conjunto de las redes sociales.

Así fue ocurriendo en la etapa del Estado del Bienestar, en los “años gloriosos” del capitalismo en los que la coincidencia de factores muy diversos propició un alto ritmo de crecimiento económico, pleno empleo, salarios suficientes y una amplia presencia del sector público en las economías que, entre otras cosas, servía para proporcionar bienes públicos como la educación, la salud o la protección social, presente o diferida a través de las pensiones, a millones de trabajadores.

Suele calificarse a este estado de cosas como el régimen fordista de producción y consumo porque combinaba una pauta productiva orientada a la producción en masa con otra de consumo generalizado que era posible gracias a un régimen salarial generoso, soportado en las continuas ganancias de productividad que se podían alcanzar aplicando la tecnología intensivista del capitalismo industrial.

Es verdad que ni siquiera bajo el Estado de Bienestar se logró que las desigualdades sociales desaparecieran (como es inevitable que ocurra en las economías de mercado) o que dejaran de existir franjas de población marginada, pero también es cierto que, bajo ese régimen de salarios suficientes para hacer posible el consumo de masas, el mercado de trabajo actuó como un potente mecanismo de inclusión; y que ello, unido a la amplia presencia del sector público, permitía lograr resultados relativamente positivos en materia de lucha contra la exclusión social, naturalmente diversos en función del propio alcance del Estado de Bienestar, del nivel salarial y de empleo, y del gasto público social.

El final de los “años gloriosos”: el neoliberalismo

Hoy día, sin embargo, esta situación está cambiando. Por un lado, el capitalismo de nuestra época ha mostrado una paradoja que ya había puesto sobre la mesa hace años el economista polaco Michael Kalecki. Aunque se trata de un sistema que se soporta y se nutre de la generación del beneficio, que será tanto más elevado cuanto mayor y más extendido sea el vínculo salarial, resulta que por razones políticas relativas a la correlación de fuerzas entre empresarios y trabajadores no siempre está interesado en lograr la máxima creación posible de empleo.

Cuando se produjo la crisis económica y social de los años sesenta y setenta, los diferentes grupos sociales respondieron tratando de alcanzar soluciones próximas a sus respectivos intereses.

El conflicto produjo un gran desorden económico. La tensión social provocó grandes subidas de precios; la saturación de los mercados y la disminución de la demanda hacía que la producción no se vendiese; la tecnología orientada a la producción en masa resultaba entonces inadecuada; el endeudamiento generalizado provocaba crisis financieras...

Todo ello, unido a las continuas reivindicaciones laborales de los trabajadores, mermaba el beneficio empresarial y eso incentivó la búsqueda de soluciones drásticas que culminaron con la puesta en marcha del proyecto neoliberal.

Un proyecto económico, político e ideológico que comenzó a experimentarse en países de la periferia mediante gobiernos dictatoriales permanentemente asesorados por los economistas de las universidades norteamericanas más conservadoras y liberales y que poco a poco fue generalizándose a todos los países del orbe.

La respuesta neoliberal no fue sino la que buscaban las grandes corporaciones industriales y financieras para recuperar el beneficio y, en general, su posición de privilegio, y para ello se llevó a cabo en torno a tres grandes y complementarias estrategias.

La primera fue una gran reconversión tecnológica orientada a incorporar las nuevas tecnologías de la información que hicieran posible producir nuevos productos y de una manera más flexible y menos costosa, sobre todo, en cuanto al trabajo.

De esa manera se abrirían nuevos mercados y se podría producir con mayor libertad y con menores costes.

La segunda estrategia consistió en un cambio radical de la regulación de la actividad económica, modificando las normas, los marcos de actuación y la política económica en particular, sobre todo, con el fin de proporcionar la mayor libertad posible a los capitales.

Así, se liberalizaron los mercados y el conjunto de la actividad económica eliminando todo tipo de restricciones para la búsqueda de la rentabilidad, se impusieron nuevas normas laborales y se reorientó la intervención del Estado disminuyendo su alcance sobre el bienestar social y destinando sus recursos preferentemente hacia el mercado.

Finalmente, el neoliberalismo se basó en una potente estrategia de modificación de los valores sociales, de las fuentes de legitimación social, de las formas de socialización y de los impulsos éticos de la vida social y económica.

En ese contexto y entre los cambios más relevantes que se produjeron en el ámbito de la política económica hay que destacar uno principal para poder explicar lo que viene pasando en las relaciones laborales de los últimos años y por qué los mercados de trabajo se han convertido en fuentes de empobrecimiento e incluso de exclusión social.

Me refiero a que con el neoliberalismo se estableció que la inflación era el principal problema económico y que, por tanto, la política económica debía centrarse preferentemente en conseguir la estabilidad de los precios y no en combatir el paro, la desigualdad o los demás desequilibrios económicos que hasta ese momento se habían venido considerando como los problemas que, conjuntamente, debía abordar.

Al mismo tiempo que se establecía este nuevo principio de actuación, los economistas y políticos ortodoxos y neoliberales señalaban que la subida de precios que ahora había que combatir con prioridad se debía a dos factores principales: la excesiva circulación de dinero y la presión que las demandas salariales realizan sobre los costes de las empresas que obligaban a subir los precios.

En consecuencia, para hacer frente a esas dos causas de la inflación proponían dos tipos de medidas.

Por un lado, subir los tipos de interés, es decir, el precio del dinero.

De esta forma (al encarecerlos) se conseguiría que circularan menos recursos medios de pago y, además, que los poseedores de dinero estuvieran más interesados en ahorrarlos (puesto que el ahorro será mejor retribuido al subir los tipos de interés) y, por tanto, que consumieran menos.

Así se produciría una disminución del dinero en circulación que, según la hipótesis de partida, contribuirá a que bajaran los precios.

Por otro lado, al controlar los salarios las empresas no tendrán la presión sobre los costes y no se verían obligadas a trasladar esa subida de salarios a los precios.

Salarios y beneficios en el neoliberalismo .

La formulación anterior es muy simple y fácilmente aplicable, siempre que se disponga de suficiente legitimación y poder político, como el que tuvieron inicialmente y por razones distintas los primeros gobiernos dictatoriales y los de Margaret Thatcher o Ronald Reagan y ya más tarde todos los que siguieron su estela neoliberal.

E igualmente fueron inmediatas y fácilmente previsibles sus consecuencias sobre el conjunto de la economía y el bienestar social .

Una de ellas tiene que ver con la distribución de la renta: cuando se elevan los tipos de interés los poseedores de dinero (y sobre todo los bancos) reciben más renta y cuando se controlan los salarios es el excedente empresarial el que aumenta.

Por tanto, al dar preeminencia de esta forma a la lucha contra la inflación lo que se hacía no era sino aumentar las ganancias de los más poderosos y privilegiados.

Otra consecuencia afectaría al volumen general de actividad económica y al empleo.

Cuando los tipos de interés se elevan, se encarece el acceso al crédito.

Los bancos y los ahorradores ganarán más pero los empresarios que necesitan dinero ajeno para financiar sus empresas, para mantener el empleo y la inversión, tendrán que soportar costes financieros más elevados y eso les llevará en muchos casos a disminuir su actividad. Además, los consumidores que ven cómo sus rentas salariales pierden poder adquisitivo y que se encarecen los posibles créditos al consumo que pudieran tener a su disposición, reducen sus compras de bienes y servicios.

Es posible que entonces, cuando disminuyan las ventas, que los precios bajen o, al menos, que se frene su subida pero habrá sido a costa de una menor actividad económica y, sobre todo, de menor empleo.

Pero aquí surge entonces la paradoja de Kalecki: cuando el desempleo es elevado y mayor el riesgo de que los trabajadores que se enfrentan a la patronal pierdan su trabajo, es mucho más fácil que las empresas venzan a los trabajadores a la hora de negociar las condiciones laborales y salariales y, en suma, que puedan aumentar los beneficios a su costa.

Así que tales políticas fueron las que, generando desempleo, crearon las condiciones para que se modificaran las condiciones en que se desenvolvían las relaciones laborales hasta entonces. En lugar de tratar de crear actividad y empleo, como decían los responsables políticos en sus declaraciones retóricas, buscaban todo lo contrario.

Así lo han reconocido no solo los economistas teóricos sino incluso los propios gobernantes, como el español Carlos Solchaga, que fue Ministro de Economía y Hacienda en los años noventa: "El conjunto de actitudes que hacen del paro un tema prácticamente intratable en España -y de muy difícil trato en Europa-, sin embargo, no es el resultado de un capricho del azar o de una trágica resignación ante un destino inexorable, sino el resultado de un cálculo -no siempre consciente por parte de todos los implicados- que demuestra que la reducción del desempleo, lejos de ser una estrategia de la que todos saldrían beneficiados, es una decisión que si se llevara a efecto podría acarrear perjuicios a muchos grupos de intereses y a algunos grupos de opinión pública".

Puede decirse, pues, que el efecto real de la política económica de los últimos años ha sido la producción deliberada del desempleo como medio para crear las condiciones que permitieran la implantación de un marco de relaciones laborales más favorable a las empresa y al capital.

Y eso es lo que ha dado pie a un doble fenómeno: el empobrecimiento no solo de los trabajadores desempleados, muchos de los cuales han quedado auténticamente marginados y excluidos de la vida social, sino también el de muchos de los empleados, como consecuencia de las peores condiciones en que se resuelve ahora la prestación del trabajo (8).

El empobrecimiento de los trabajadores empleados en la práctica totalidad de los países se manifiesta en la pérdida de peso de los salarios en la distribución de la renta e incluso en la disminución de los salarios reales.

Así, en el conjunto de la zona euro la participación de los salarios en el conjunto de las rentas se ha reducido un 13% desde 1980 y han alcanzado su nivel más bajo desde 1970.

En Japón, la disminución ha sido de 25% en los últimos 30 años y del 7% en Estados Unidos, según las estimaciones de la OCDE.

La Contabilidad Nacional de España indica que solo de 1996 a 2006 la participación de los salarios en el conjunto del PIB (Producto Interior Bruto, que mide el conjunto de la actividad económica en el interior) ha bajado del 50,61% al 46,4% (también su mínimo histórico), y eso que en el último año había cuatro millones de trabajadores más.

Una prueba manifiesta del desigual efecto de estas políticas neoliberales es que, según la OCDE, en el periodo 1995-2005 las empresas españolas aumentaron sus beneficios un 73%, mientras que los costes laborales en España lo hicieron un 3,7%.

La contundencia de este proceso de empobrecimiento de los salarios se manifiesta de modo aún más palpable en nuestro país, en realidad como en mucho otros, en donde no solo se ha reducido la participación de los salarios en el conjunto de las rentas sino que han perdido poder adquisitivo, pues en términos reales se han reducido en un 4% desde 1995 a 2005, según el mismo informe de la OCDE.

El otro fenómeno mencionado, la aparición de una verdadera legión de desempleados empobrecidos, es una inevitable consecuencia del incremento del paro, si bien es verdad que éste último no tiene por qué desembocar inevitablemente en situaciones de exclusión.

Efectivamente, el salario suele ser la fuente principal de ingresos de los trabajadores y de sus familias: en torno al 70% del total de las rentas de los trabajadores suelen provenir del salario en la Unión Europea y un 79% en España, mientras que el resto proviene de diferentes tipos de prestaciones sociales.

Pero el desempleo puede ir acompañado de ingresos por parte de otros miembros de la familia y, sobre todo, de subsidios públicos, provisión de bienes públicos o de redes de protección social que pueden evitar que la pérdida de trabajo aboque sin remedio en la exclusión social.

Eso significa, por tanto, que si el mercado de trabajo falla y se crea desempleo, aún se puede levantar un muro potente y bastante efectivo contra la exclusión si se dispone de recursos y políticas públicas potentes, de redes sociales y de vínculos de solidaridad o protección personal y colectiva suficientemente efectivos.

Pero en general puede decirse que el muro de contención frente a la exclusión que representan las políticas públicas y los recursos colectivos se ha debilitado en los últimos años como consecuencia de la crisis del Estado del Bienestar, de la disminución del gasto social y del predominio de las ideas liberales que tienden a negar el efecto positivo de la protección social.

En España, por ejemplo, el porcentaje del PIB que el Estado destinó al gasto social (la educación, la sanidad, las prestaciones asistenciales, la atención a la dependencia, guarderías, políticas de familia...) que es el que en mayor medida evita la exclusión social, sobre todo de quienes no tienen ingresos del trabajo, descendió del 28,7% al 25,2%.

Exclusión social en el mercado de trabajo

Pero, en cualquier caso, el fenómeno que comienza a darse con gran extensión en nuestros días y al que quiero referirme con más detalle en este texto es el que se produce en el seno mismo del mercado de trabajo y que hace que éste, en lugar de ser el mecanismo eficaz contra la exclusión social de épocas anteriores, pase a convertirse en una de sus fuentes más directas.

Este fenómeno es el que se traduce en la aparición de lo que en la literatura se suele conocer como “trabajadores pobres”, “trabajadores atípicos”, “empleo basura”, “trabajadores de baja renta” o “empleo de bajos salarios” y que en términos generales se refiere a un hecho crucial: la participación en los mercados de trabajo, el empleo, no garantiza condiciones que permitan la plena inclusión de los trabajadores en la vida social sino que contribuye, por el contrario, no solo a su empobrecimiento efectivo en términos monetarios sino, en muchas ocasiones, a su completa exclusión de las relaciones sociales cuando se produce en determinadas circunstancias coadyuvantes.

Se trata de un proceso de empobrecimiento tan profundo y extendido que algunos investigadores como Rafael Muñoz del Bustillo afirman que “cuando se estudian las estadísticas de pobreza, probablemente uno de los datos más sorprendentes es el alto volumen de trabajadores ocupados que forman parte del colectivo de población pobre”.

Siguiendo los datos que proporciona el Panel de Hogares de la Unión Europea, este autor señala que en el conjunto de la Unión el 35% de los hogares pobres correspondía a hogares en los que la persona de referencia estaba trabajando.

Un porcentaje que era superior al 50% en Portugal y por encima del 40% en los países mediterráneos ya a mitad de los años 90, cuando en Estados Unidos era del 52%.

Otros trabajos empíricos han puesto también de manifiesto en España, como en otros lugares del mundo, que “el trabajo no protege contra la pobreza, ni siquiera lo que se ha dado en llamar el trabajo a tiempo completo a lo largo de todo el año”(...) “tener un empleo de bajo salario ‘toda la vida’ no permitirá, en ocasiones, más que pertenecer en la pobreza toda la vida” (17).

Este fenómeno implica, por lo tanto, que el desempleo, a diferencia de lo que había venido sucediendo, ya no es el principal desencadenante de la pobreza y la exclusión que puede llegar a afectar a los trabajadores sino que hay que comenzar a buscar el origen de éstas en el propio mercado de trabajo, tal y como también ha sido reconocido de manera palmaria por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) cuando en uno de sus informes señalaba que “muchos hogares pobres se caracterizan por salarios bajos y empleo precario más que por una exclusión permanente del mercado de trabajo” (18).

Verdaderamente, se trata de una situación que no debería resultar extraña si se tiene en cuenta que, como apunté más arriba, prácticamente la mitad de la población laboral del planeta, 1.300 millones de trabajadores, ganan menos de 2 dólares diarios, un ingreso a todas luces insuficiente para que el empleo que los proporciona pueda llevar consigo algo más que pobreza y exclusión cuando además faltan recursos públicos de ayuda, redes de apoyo o fuentes de ingresos familiares complementarios .

Los nuevos mercados de trabajo: trabajadores pobres.

Como he mencionado antes, la aplicación de las políticas económicas neoliberales es causa y a su vez consecuencia de la aparición de un nuevo marco de relaciones económicas y también de un equilibrio de poder diferente en la sociedad.

Gracias al desempleo generalizado, a la dificultad creciente para encontrar medios de subsistencia, al endeudamiento que obliga a pensar solamente en salir adelante o al temor a perder el puesto de trabajo, se ha debilitado extraordinariamente el poder de las clases trabajadoras a la hora de negociar sus condiciones laborales.

Y gracias a ello se han podido ir imponiendo sucesivas reformas en el marco institucional y normativo orientadas a facilitar la obtención del beneficio empresarial y a seguir debilitando la capacidad de respuesta de los trabajadores.

Así, se han flexibilizado hasta límites insospechados las condiciones de contratación, hasta el punto de que hoy día las empresas pueden contratar por horas para evitar contratos indefinidos, generando una dependencia y sumisión nunca vistas en los mercados de trabajo.

En España se suscriben cada año alrededor de 17 millones de contratos temporales, lo que da una idea de la enorme rotación que se produce y de la constante incertidumbre y precariedad que lleva consigo la incorporación al empleo para millones de trabajadores.

Gracias a la desaparición de las barreras económicas, políticas y tecnológicas al comercio y a las condiciones establecidas por los grandes organismos internacionales, se ha permitido que las empresas se deslocalicen constantemente, yéndose allí donde encuentran mejores condiciones fiscales y, sobre todo, salarios más bajos, de modo que se ha generado en todo el planeta una especie de carrera a la baja que no puede llevar tras de sí sino empobrecimiento, por un lado, y beneficios empresariales nunca alcanzados, por otro.

Aunque puedan parecer datos anecdóticos no está de más tener en cuenta, por ejemplo, que un trabajador de una fábrica china proveedora de Nike tendría que trabajar 4.500 años con su sueldo actual para ganar tanto como ganó en 2006 el director de la multinacional, Mark Parker.

O que un par de zapatillas Adidas fabricadas en China viene a costar en nuestras tiendas el sueldo mensual del trabajador que las ha confeccionado, la mayoría de las veces mujeres inmigrantes que duermen hacinadas en la misma habitación y a las que, como pasa en muchas maquilas, les proporcionan una especie de pañales para que ni siquiera pierdan tiempo en ir al servicio mientras las fabrican.

Paralelamente, y como efecto también del empobrecimiento de los países de las periferias, se ha abierto la espita de la inmigración creándose así un auténtico ejército de reserva laboral que ha coadyuvado a reducir los salarios en los mercados y a desarrollar un amplio sector servicios de baja productividad basado en la mano de obra barata.

Por otro lado, la generalización estratégicamente programada de valores contrarios a todo lo colectivo, la creación de infraestructuras sociales que dificultan el encuentro y producen soledad y aislamiento, la multiplicación de la incertidumbre y el riesgo, y el fomento del individualismo han consagrado el ensimismamiento y los comportamientos que aíslan a unos seres de los otros lo cual, entre otras cosas, ha debilitado a las organizaciones de defensa de los trabajadores que han de enfrentarse cada vez más solos al creciente poder de la patronal.

Un fenómeno a su vez alimentado por la conversión de los sindicatos en auténticas oficinas de intereses o, en el mejor de los casos, de prestación de servicios y muy burocratizadas.

Y finalmente, incluso se ha procedido a modificar continuamente los propios registros estadísticos referidos al mercado de trabajo para ocultar la verdadera naturaleza del empleo de nuestra época.

Así, en las encuestas oficiales en Europa se considera hoy día que un empleado es la persona que en la semana anterior a su realización prestó algún tipo de servicio laboral al menos durante una hora y a cambio no solo de un salario monetario sino de un simple pago en especie.

Es decir, que si encargamos a una persona mayor de 16 años que lave nuestro automóvil a cambio de una entrada de cine y tarda más de una hora en hacerlo se considera que hemos creado un nuevo puesto de trabajo, que servirá para que las encuestas establezcan que las tasas de paro actuales son las más bajas de los últimos decenios.

La consecuencia de todo ello es la aparición de una auténtica legión de trabajadores pobres, de empleo precario, temporal o de bajísimo salario, que muy difícilmente pueden hacer frente a la satisfacción de sus necesidades más elementales y que además han de mantenerse constantemente temerosos de perderlo.

Según las estadísticas de la Agencia Tributaria, en España había 10,7 millones de trabajadores en 2006 ganando menos de dos veces el salario mínimo interprofesional, es decir, unos mil euros.

Son los llamados “mileuristas” que suponen el 56,42% de la clase trabajadora de nuestro país. Y por debajo de ellos todavía había otros 5,46 millones de trabajadores (28,63% del total) que recibían una retribución menor al salario mínimo.

Si a ellos se le añaden 7 millones de pensionistas que reciben menos de los mil euros y 1,4 millones de parados con subsidio inferior a esa cantidad, resultará que en nuestro país hay prácticamente 19 millones de personas, entre las que se pueden considerar que tienen ingresos vinculadas directa o indirectamente con el mercado laboral, con ingresos menores a mil euros mensuales.

Y en cualquier caso, hay que tener en cuenta además que dentro de esos grupos la situación es bastante peor cuando se trata de inmigrantes (que pueden llegar a tener salarios medios un 40% más bajos, mujeres (un 30% ) o jóvenes.

La situación de estos últimos es especialmente precaria. Un estudio reciente de la Agencia Nacional de Evaluación de Calidad y Acreditación (Aneca) estima que su salario medio es de 1.414 euros mensuales después de cinco años de trabajo y que el 45% de sus contratos es temporal.

Y otro informe de Caixa de Catalunya señala que alrededor del 40% de los que tienen entre 26 y 35 años viven todavía con sus padres, calculando que si tuvieran que afrontar gastos de compra de vivienda o alquiler la tasa de pobreza en ese margen de edad sería del 57%.

Y si tuvieran la osadía de formar una pareja y tener un hijo en un hogar en donde uno solo de los miembros tuviese ingresos, dicha tasa subiría al 81%. Parece claro, por tanto, que las políticas de apoyo a la familia deberían empezar combatiendo las políticas neoliberales que generan unas condiciones como estas que impiden que se llegue a formar la familia.

Una parte principal de los trabajadores empobrecidos en el mercado de trabajo español lo constituyen los que perciben un salario reducido.

Son los llamados “trabajadores de baja remuneración”, que se reconocen como tales cuando perciben menos de los dos tercios del ingreso mediano correspondiente al conjunto de todos los trabajadores.

Obviamente, estos no son todos los trabajadores pobres porque pueden disfrutar de otros ingresos, ni tampoco son los excluidos porque además pueden disponer de otros recursos de inclusión.

Incluso cuando se trata de obtener su perfil estadístico se suelen dejar fuera a los que, estando por debajo de dicho nivel de ingresos, han trabajado menos de cuatro meses al año o a los que pasan la mayor parte desempleados.

Como señala Javier Ramos-Díaz, el problema de trabajadores que trabajen menos de cuatro meses no sería de baja remuneración sino “más bien de desempleo o inactividad”.

Este autor ha analizado el perfil de estos trabajadores y de él se pueden deducir que en España el trabajo de baja remuneración se da principalmente.

- entre los jóvenes: el 40,3% de los trabajadores de baja remuneración españoles tienen entre 15 y 30 años, el 39,93% entre 31 y 47 y el 20,92% entre 46 y 65 años.

- entre las mujeres, que no solo tienen una mayor probabilidad que los hombres de tener este tipo de empleo sino también de permanecer más tiempo en él. Así, aunque las mujeres solo representan el 38,92% del total de la fuerza laboral son el 52,15 del conjunto de trabajadores de baja remuneración.

- entre los que solo disponen de estudios elementales: el 63,94% de estos trabajadores tienen solo estudios elementales, el 18,94% medios y el 17,12% superiores.

- entre los que trabajan en pequeñas empresas: el 75,24% se encuentra en empresas de menos de veinte empleados y el 53,1% en las que disponen de uno a cuatro.

- entre los que trabajan en el sector privado, en donde se encuentra el 95,21% de los trabajadores de baja remuneración.

Finalmente, es importante considerar que uno de cada cinco de estos trabajadores (21,15%) vive en hogares que disponen de ingresos que están por debajo del umbral de pobreza, que el 23,44% de los hogares españoles tendrían en su seno algún trabajador de baja remuneración, un 6,22% de los hogares tendría a todos sus miembros en esta última situación y que el 13,14% serían hogares unipersonales con baja remuneración.



¿Dónde lleva el continuo empobrecimiento de los trabajadores? Es inevitable?.

Para finalizar esta breve exposición de los orígenes y principales manifestaciones del empobrecimiento del empleo y de los trabajadores conviene preguntarse sobre sus efectos sobre la economía y el bienestar humano.

En mi opinión, antes que nada se trata de un proceso que conlleva sufrimiento, frustración y daños personales de todo tipo.

Los seres humanos hemos de recurrir a la prestación de servicios laborales a terceros para satisfacer las necesidades propias y del conjunto de la sociedad, y de las relaciones que establecemos a partir de ahí nacen en gran medida las redes que nos permiten no solo sobrevivir materialmente sino enriquecernos moralmente.

Por eso, la explotación en el trabajo, la inseguridad extrema, el riesgo inherente a una vida en continua expectativa, las condiciones peligrosas o deleznables impuestas cuando los empleadores pueden desobedecer tranquilamente las normas laborales crean seres humanos insatisfechos, rotos, incapaces de responder a otras inquietudes que no sean las destinadas a procurarse, sea como sea, su propia supervivencia.

La explotación laboral generalizada, legalizada y reconocida como natural en nuestra época, por muy sutiles que sean los términos en que se produzca en virtud de las leyes del mercado, es la negación misma del progreso del que tan a menudo se ufana nuestra civilización, la ilegítima creación en vida de un infierno cruel y debería ser hoy día combatida con toda radicalidad.

Las condiciones laborales en que hoy día trabajan miles de millones de personas en el planeta son verdaderamente infaustas y criminales. La esclavitud ha renacido en nuestro mundo porque esclavo es el ser humano que ha de trabajar sin descanso, desarraigado, sin retribución suficiente, hacinado, desde los primeros días de su infancia o, como sin ir más lejos le sucede a los tres trabajadores de media que cada día mueren en España en accidentes laborales, expuestos a dejar su vida mientras trabajan para otros y en aras de su beneficio.

Y todo ello mientras que las grandes empresas consiguen ganancias nunca registradas y sus directivos cobran sueldos jamás alcanzados, hasta el punto de que organismos tan conservadores como los de la Unión Europea advierten que hasta pueden suponer un riesgo para la actividad económica o que el actual reparto entre salarios y beneficios en Europa es “injusto e insostenible”.

Como he señalado, los enfoques teóricos liberales tratan de justificar la continua restricción salarial que está en el origen del empobrecimiento de los trabajadores, afirmando que solo de esa manera se puede combatir la inflación y que, además, es la única forma de aumentar el empleo.

La realidad, sin embargo, muestra más bien lo contrario. Las políticas neoliberales no contienen por sí mismas las subidas de precios porque estas se producen en gran medida como resultado del poder desigual de los sujetos económicos en las relaciones de intercambio.

Se producen alzas de precios cuando las empresa pueden violar las leyes de la competencia, lo que tiende a ocurrir constantemente porque de esa forma encuentran condiciones más favorables para obtener beneficios extraordinarios.

Y los datos muestran igualmente que la consecución de altos beneficios no lleva consigo más empleo, sino al contrario, que el desempleo es lo que ha creado las condiciones para que se consigan.

El caso en nuestro país del Banco de Santander, actualmente uno de los más rentables del mundo, resulta bien expresivo: de 1999 a 2006 obtuvo 26.000 millones de euros de beneficios y, sin embargo, redujo su plantilla en 12.000 empleos.

Los economistas liberales tienden a considerar que los salarios son solamente un coste y así justifican su contención para mantener las ganancias que consideran fundamentales para que la economía mantenga su ritmo de crecimiento.

Pero, con independencia de que olvidan que puede haber otros incentivos o mecanismos para hacer que las economías funcionen incluso a mejor ritmo, de esta forma soslayan que también, y sobre todo, son un componente de la demanda que es necesaria para que haya ventas y, al mismo tiempo, un determinante fundamental de la productividad, que es un requisito básico para el desarrollo tecnológico.

De modo que la tónica de general empobrecimiento solo puede traer consigo, como de hecho está sucediendo en el conjunto de las economías, menores ritmos de crecimiento, menos producción e incluso, a la larga, menos beneficios para las propias empresas que se enfrentan ante mercados constreñidos por la carencia de ingresos para el consumo.

Lo cual, a su vez es lo que está provocando el endeudamiento exacerbado que tanto coadyuva a que se produzcan las recurrentes crisis financieras de nuestra época.

En consecuencia, valdría la pena modificar esta dinámica perversa en la que se vienen desenvolviendo las relaciones laborales solo por puras razones de sostenibilidad de los mercados.

Aunque desde luego no solo por eso. El empobrecimiento de los trabajadores, por no hablar de los que ni siquiera están empleados en alguna actividad laboral, pone sobre el tapete la necesidad de concebir y organizar las relaciones económicas de otra forma y la obligación moral de no renunciar a pensar que los seres humanos podemos seguir siéndolo y hacer frente a la necesidad a partir de incentivos y principios distintos al afán de lucro.

Porque nos quieren hacer creer este afán resulta consustancial a nuestra condición humana cuando en realidad es la primea causa de nuestra deshumanización.

Fuente: Juan Torres López.

Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla.

El control de China sobre los "rare earths", sigue siendo "estrategico"?

China y las "rare earths".

De los metales y las fuerzas del mercado.

¿Está control de China sobre los minerales esenciales aflojando?.

Todo lo que reluce no es el gadolinio.

NOTA al MARGEN: El gadolinio es un elemento químico de la tabla periódica cuyo símbolo es Gd y su número atómico es 64.

Puesto que la temperatura de Curie del gadolinio es 292 K (18,85 °C) su magnetismo dependerá de la temperatura ambiente. Por encima de dicha temperatura será paramagnético, y ferromagnético por debajo.

El gadolinio posee un efecto magneto-calórico, éste es mucho más poderoso en la aleación Gd5(Si2Ge2). Por este motivo es utilizado en la refrigeración magnética a nivel industrial y científico; sin embargo, su alto coste y la necesidad de usar arsénico en el proceso lo inhabilitan para la refrigeración doméstica. También tiene usos médicos como contraste en la resonancia magnética nuclear.



Aún así, ese mineral y sus 16 "rare earths" primas-se encuentra en todo, desde baterías para los convertidores catalíticos- deben ayudar a que el mundo moderno, de la vuelta.
Y, como los fabricantes mundiales de estos productos han recordado sus producciones recientemente, China tiene un estrangulamiento en su producción.

Control de China sobre "rare earths" , fueron los primeros titulares en el 2010, cuando de repente se cortó las exportaciones a Japón.

Aunque es cierto que anteriormente había estado apretando el mercado durante años.
En el año 2000 se exportaron unas 47.000 toneladas del mineral; aunque en el año 2010 se exportó sólo 30.000 toneladas.

Esta disminución parece ser el resultado de impuestos a la exportación y las cuotas injustas.
Las potencias occidentales han amenazado con llevar el caso ante la Organización Mundial del Comercio (OMC).
Esta semana parecía que se generaría un impulso cuando dicho organismo dictaminó en contra de China en un caso relacionado.
El 30 de enero un órgano de apelación de la OMC dictaminó que las políticas de China para restringir las exportaciones de varios metales, como la bauxita y el magnesio, habían violado sus obligaciones en la OMC.
Los funcionarios estadounidenses y europeos aplaudieron, argumentando que las tierras raras de China la política de ahora también tiene que ser desechada.
Algunos expertos dicen que China podría incluso adelantarse a posibles acciones legales con un acuerdo para dejar de lado sus cuotas.

Esta celebración puede ser prematura.

Por un lado, los líderes chinos han adoptado una línea dura sobre el comercio en los últimos tiempos, mediante la imposición de aranceles en carnes frescas de aves de corral importadas y vehículos utilitarios deportivos.
En los circuitos de decisión de esta semana un funcionario chino declaró desafiante que "estamos preparados" para luchar contra cualquier reto de "rare earths".
Gary Hufbauer, del Instituto Peterson de Economía Internacional está convencida de que las políticas de China se suman a "una restricción encubierta al comercio internacional", pero advierte de que cualquier caso de las tierras raras será más difícil de ganar en cuanto al resultado de la Sentencia de esta semana.
Eso se debería a que hay un argumento ambiental más fuerte para restringir el suministro de "rare earths", ya que la extracción de éstas se generan productos químicos tóxicos de difícil eliminación.

China también tiene otros medios de mantener el control del mercado, además de las cuotas de exportación.
Tiene una fuerte capacidad de refinado de las "rare earths", mientras que la mayoría de los países ricos no, por lo que puede ejercer el control “aguas abajo”.
Los precios de las "rare earths" no son propensos a seguir de forma “acelerada”, incluso los consejos de la OMC contra China, porque los chinos han obligado a la industria a consolidarse.
Había hace algunos años muchos puestos de trabajo en esta minería extractiva, pero el país ha cerrado docenas de explotaciones en Mongolia Interior y en otros lugares.

En este aspecto tomo la visión a “largo plazo”; sin embargo, y a pesar de lo anterior, las políticas de China parecen destinadas al fracaso.
A pesar de que el país produce más del 90% de los minerales de "rare earths" hoy en día, controla menos de la mitad de la base mundial de éstos recursos.

Las condiciones de Oferta restringida y precios más altos ya han estimulado el desarrollo de grandes minas en Australia y en Estados Unidos, donde una mina californiana llamada “Paso de montaña” volvió a abrir a finales del año pasado.

Con el tiempo, este nuevo suministro arrebatará el poder de mercado a China.
Esto nos hace pensar que las "rare earths" chinas, simplemente, no son lo suficientemente “escasas”.

Fuente: The Economist. Feb 4th 2012.

4/2/12

De lo que se supone que ha hecho el PSOE este Fin de semana.

Este fin de semana ha sido el tan anunciado y seguramente tan tempranero Congreso del PSOE en Sevilla y, de acuerdo a lo que los medios nos cuentan ha ganado Rubalcaba.

Este hecho que por mas de ser una cuestión entre los que allí estaban representados y no es de mi incumbencia, si que creo que me da derecho a opinar, como votante de izquierda que no voto al PSOE.

El conclave tuvo sus apartados que me gustaron, como -de nuevo- la claridad con la que Zapatero se echo la responsabilidad sobre los gobiernos que presidio. Eso siempre le da un aval para la Historia.

También y de nuevo aun con las posteriores piruetas de ambos candidatos, me llamo la atención la “soledad” en la salida del ya extinto Secretario General, quien en un Gabinete en el que también estaba Rubalcaba, opto por inmolarse, con toda probabilidad tarde, pero lo hizo.

Y por fin y mas concretamente me llamo la importancia que nada parece querer cambiar en este partido.
Que ninguna nota parece haber tomado el partido en su conjunto de las derrotas electorales, que son sin duda las primeras de una larga serie, según mi criterio.
Que la clase política española, tan denostada por los ciudadanos según las encuestas del CIS y las manifestaciones sociales, parece no querer darse cuenta de que son ellos los culpables de esa desafección y que se tienen que “ir a su casa”.

Y para terminar los empobrecidos y logotomizados colectivos ciudadanos, sean o no militantes de partidos. En el caso de la derecha votando a los corruptos; pervirtiendo así la democracia. Y en el de la izquierda manteniendo a los culpables de las derrotas electorales que han hecho posible una mayoría de la derecha como nunca antes pudo soñar.

Bueno eso es lo que somos y esto es lo que tenemos. Mientras tanto esta noche fría, varios miles de personas, español@s ell@s han dormido al “raso”, entre ellos varios cientos de “menores”.

El PSOE ha hecho su anticatarsis en un Hotel de 5 estrellas, dice que porque era el único que reunía condiciones de “capacidad”. Como si ya no hubiera Palacios de Deportes. Todo ello muy “del pueblo”.

Alguien no hace muchas décadas nos pretendió convencer de que España “era” diferente y quizás algo de razón tenía. Rediós.

3/2/12

¿Pero que me estas contando chavalote?.

¿Pero que me estas contando chavalote?
Sin querer entrar en tecnicismos para los que sin duda no estoy preparado, con la particularidad de que yo reconozco mi limitación cosa que otros que se arrogan la preparación de predecir y aconsejar en asuntos economicos. Pues así nos va.

Sin querer tampoco entrar en populismos políticos a los que a menudo nos tienen acostumbrados “unos y otros”; los de la izquierda y los de la nueva autodenominada derecha democrática.

Sin nada de lo anterior querría hacer unas pequeñas reflexiones de ciudadano, para aquellos que tenéis la mala costumbre de leerme –que también son ganas, las vuestras-.Cosa que desde aquí agradezco.

Sabemos que en España al menos el 25 % de la población censada estamos en “riesgo de exclusión”.Admitamos al menos aparte de definiciones que estamos muy jodidos.

Me consta por mi propia actividad solidaria y desinteresada que en estos momentos hay varios miles de familias; bien alojados como “ocupas” obligatorios en casa de su familia. Bien simplemente desperdigados por las calles de este país.

Pero fuera de tecnicismos, os diré que en Madrid se calcula en unas 3.800 las personas que no tienen “domicilio fijo” como dirían los funcionarios del Ayuntamiento, mientras las plazas de albergues no superan las 800.

Deberemos admitir pues que el resto en algún lado estarán esta noche, cuando las temperaturas bajen hasta secuencias no frecuentes. Eso solo en Madrid.

Admitamos que todos estábamos hartos de la inacción del Gobierno Zapatero, de hecho yo me incluyo en uno de esos 5.5 millones de votantes que, siendo de izquierda no vote al PSOE.

Admitamos y sin ánimo de discutir su victoria, que no es que el PP ganase las elecciones sino que el PSOE las perdió de forma estrepitosa.

Dicho lo anterior afirmo que aunque totalmente legal y valido, ni el anterior ni el actual Gobierno representa –de acuerdo a la Ley natural- a la mayoría del pueblo que gobierna, aunque es constitucionalmente impecable.

Entendidas las consideraciones anteriores, no como teorías sino simplemente como Datos de difícil discusión.
Deberíamos pensar que; dado que el CIS advierte a la “Clase política” del desapego que la ciudadanía les tenemos.

Podríamos suponer que los que tienen mando en plaza, al menos habrían tomado “nota” de que hay que hacer las cosas de otra forma sustancialmente diferente.

Bien, pues pongamos sobre la mesa los siguientes datos.

• El paro ha seguido subiendo y estamos en mas de 5.4 millones de personas, a los que quizás alguna vez deberíamos añadir todos aquellos autónomos o microPYMES, que ni se apuntan al INEM ni tienen paro.
• La Banca nos ha costado una “pasta”; en teoría unos 14.500 millones de € que en fusiones frías o calientes han tomado “prestado” del Estado y que quizás algún día podamos recuperar.
• Las subastas de dinero público, a cambio de activos en teoría “no tóxicos”, pero en todo caso financiadas por el Estado con “deuda! Pagada con la especulación de los mercados. Se nos convenció que no eran créditos a la Banca.
• Los directivos de la Banca que se blindaron sus contratos en contra de la doctrina “Monti”, ahora con la tan esperada “Reforma Financiera”, el que menos va a cobrar mas que el Presidente del Gobierno.
• La solución a los activos tóxicos es intoxicar totalmente el mercado inmobiliario, mediante el “Sistema Guindos”, que probablemente consiga arruinar a las pocas Inmobiliarias que aun sobreviven y atraer especuladores internacionales que nos compraran la poca Costa que todavía no es suya.
• La reacción de los Gobernantes ante la corrupción es aquellos de “y tu mas”, todo ello afianzado claro con estos restos de ADN que nos quedan de “Buscón” del siglo XVI que todo españolito llevamos dentro. Es decir ni castigamos a los corruptos ni fomentamos la justicia anticorrupción.
• Le damos una importancia sustancia al matrimonio sobre todo “si este es entre homosexuales”, pero no nos importara que ese trabajo tan estimado por sus repercusiones Jurídicas lo hagan el Cuerpo de Notarias, tan afamado últimamente, ya que se debe recordar que detrás de cada Hipoteca hay un Notario que “explicaba” y “daba fe”.

Y aquí me quedo por hoy porque entiendo que tu capacidad de asimilación es , como la MIA, limitada.

Y de acuerdo a las afirmaciones anteriores, que trato de que no tengan ni color político ni echo la culpa a unos u a los otros. Mi pregunta es sencilla.

¿Que leches necesitamos los españoles, parados, dependientes, funcionarios, jubilados, estudiantes, etc. para salir a la calle y quedarnos en ella simple y llanamente hasta que “esto cambie”?.

Recomiendo que donde tanto hemos esperado, lo hagamos hasta que este frío siberiano se disipe, pero en cuanto mejore el tiempo ¿Que nos retiene en casa? Rediós.

31/1/12

¿ Que deberemos entender por "Umbral de Pobreza"?. Explicado de forma sencilla.

.Parece “a priori” complicado que se siga dando la cohesión social en un país con el 25 % de sus habitantes por debajo del llamado “Umbral de pobreza”.
¿Qué es el umbral de la pobreza?.
El umbral de la pobreza no es un concepto único, sino varios.
En ocasiones se utilizan de forma confusa los distintos conceptos de umbral de pobreza, dando lugar a malentendidos muy extendidos.

La ONU utiliza 2 acepciones distintas:
1. Umbral de pobreza absoluto:
Se calcula mediante estimaciones sobre el coste de los alimentos necesarios para cubrir las necesidades energéticas de una persona, a lo que se añade el coste de otros productos no alimentarios que se consideran básicos.
2. Umbral de pobreza relativo:
Quedan por debajo del umbral de pobreza relativo aquellos que ganen menos de la mitad del ingreso medio de un país.
El umbral de pobreza absoluto lo utiliza la ONU para países en desarrollo. Dependiendo del país queda establecido en cifras como 1$, 2$, etc. que es la cantidad de dinero necesaria para no pasar hambre (expresado de forma esquemática) en países subdesarrollados de África, Asia, etc.

El umbral de pobreza relativo es el que utiliza la ONU para países desarrollados. Por ejemplo, si el ingreso medio de un país es de 60.000$ al año están por debajo del umbral de la pobreza aquellos que ganen menos de 30.000$ al año.

Los medios de comunicación, y la propia ONU, utilizan habitualmente ambos conceptos de forma tan confusa que provocan desinformación.

En muchas ocasiones hablan del “umbral de la pobreza” (sin apellido; absoluto o relativo) de países desarrollados dando la sensación de que se están refiriendo a personas que viven con menos de 1$ al día (absoluto) cuando en realidad se están refiriendo a gente que gana menos de 30.000$ (por ejemplo) al año.

Esto produce la paradoja de que mucha gente que vive bajo el umbral de la pobreza relativo en Estados Unidos (por ejemplo) tiene un nivel de vida superior al del ciudadano medio europeo, pero los citados informes de la ONU y de los medios de comunicación no muestran la información de forma clara y, aunque no lo citan textualmente, dan a entender que la cifra se refiere a personas que se están muriendo de hambre por las calles.

En Mónaco y Liechestein, por ejemplo, también existe y se puede calcular un umbral de pobreza relativo, y habrá un porcentaje importante de la población que esté por debajo de ese umbral de la pobreza (relativo), a pesar de que esos “pobres” tengan una vivienda en propiedad que en el resto de Europa se considera de lujo, un Mercedes (pequeño, eso sí, como un Clase C) y una segunda residencia para pasar las vacaciones.

*El Umbral de pobreza en España.

La línea de pobreza utilizada por el INE se basa en los ingresos netos por unidad de consumo (u.c.) del hogar, entendiendo como tales los ingresos netos totales del hogar (renta disponible del hogar) entre el número de unidades de consumo.

El número de unidades de consumo se ha calculado utilizando la escala de la OCDE modificada: peso 1 para el primer adulto, 0,5 para el resto de adultos y 0,3 para los menores de 14 años.

Una vez que se han calculado los ingresos por unidad de consumo del hogar se adjudican a todos los miembros del hogar.

La línea de pobreza o umbral de pobreza se fija en el 60% de la mediana de la distribución de los ingresos por unidad de consumo adjudicados a las personas, a esta cifra se le llama también umbral de pobreza.

Se clasifica como pobre a todo individuo que tenga unos ingresos por unidad de consumo inferiores al umbral. Se considera que el resto de personas no son pobres.

Todos los miembros de un mismo hogar serán, por tanto, clasificados de la misma manera, como pobres o como no pobres.

Bien, pues con estos criterios anteriores alrededor del 25 % de la población incluida en el Censo del Reino de España esta en riesgo de exclusión social por encontrarse por debajo del Umbral de Pobreza en estos momentos.

30/1/12

Declaracion FORMAL de mi Insumision Ciudadana.

Me parece realmente un despilfarro de inteligencia la de nuestra Clase política en estas ultimas décadas, quizás incluso en todo el ultimo tercio del Siglo XX y lo poco que llevamos del XXI.

Y solo insistiré una ultima vez que no me refiero a izquierdas y derechas porque me aburre esa clasificación. Me reidero a personas, a ciudadan@s nada mas.

*Me parece infumable el hecho de que se haya creado una sociedad industrial a costa del sudor de los trabajadores, del consumo de los trabajadores. Asumiendo como un mal menor que el capital, solo por el hecho de serlo, se lleve siempre la mejor parte del pastel.

*Me parece infumable que sea el capital, quien nunca socializo los beneficios, quien pretenda socializar su ineptitud y a la postre sus perdidas. Perdidas que en muchos casos no son sino una (menos? Ganancia. Todo ello frente a la perdida del trabajador que simplemente es “el hambre”.

*Me parece infumable que según la ultima encuesta oficial se diga, así, de golpe, que alrededor de 11 millones de españoles estamos por debajo del umbral de la pobreza. Esto es simplemente un 20-25 % de la población total.

• Me parece, por fin infumable que nuestra clase política, nuestro Gobierno en particular, priorice el pago de la deuda a llevan un trozo de pan a la mesa de todos y cada uno de los españoles.


Y dado que la clase política parece tener cuasi-consenso en que lo primero es la deuda externa y luego la supervivencia de sus ciudadanos, yo a partir de este momento me declaro totalmente insumiso con la legalidad vigente, priorizando en mi vida mi subsidencia, la de mi entorno y la de mi familia en especial, a los compromisos que por mi puedan comprometer cualquiera de los Estamentos del poder establecido, rompiendo de forma personal el pacto democrático que con la sociedad siempre he tenido.

Y esto anterior lo pongo en conocimiento de quien quiera saberlo por dos cosas.

a.- Para que conste y de fehaciencia de fecha mi actitud y todo lo que a partir de ella suponga en mis relaciones con el Poder.

b.- Para que todo aquel que piense de forma parecida a la mía, se incluya y acepte como tal esta declaración de insumisión ciudadana a todos los efectos legales.

Dicho queda.

29/1/12

DEBEREMOS DENUNCIAR A LA CLASE POLITICA A LA "ISLANDESA".

.A mi realmente no me parece ya aguantable tanta tontería en relación con la crisis, y referida a nuestro país España.

En España se paso de una situación de excedentes presupuestarios a una explosión de la burbuja inmobiliaria y con ella la entrada en barrena de los balances de la Gran Banca.

Además de lo anterior y, debido a que ninguno de nuestros grupos políticos dominantes supieron o quisieron ver la crisis, ya que o bien no quisieron o bien la utilizaron para llegar “al poder”, cosa que por cierto han hecho. Bien pues debido a estas circunstancias los políticos que son los gestores de nuestra sociedad, en lo que a económica publica se refiere, han llevado al país a asumir una deuda totalmente “indigna” por ineficaz.

Después de todo lo anterior, después que el PSOE-PP se lavasen las manos de su ineficacia y reformasen la Constitución para que se controlasen lo que “ellos” los políticos deberían hacer. (Me recuerda cuando un ludópata, en su momento de lucidez pide a un Casino que le incluyan en una lista de los que “no deben entrar” en dicho Casino).

Después de que el PP utilizase la crisis, en sus Autonomías para ganar las Elecciones Generales.
Después de todo ello, cada semana hacen solamente tres cosas.

La 1ª es legislar para recaudar mas dinero para el Estado. Se suponía que los Gobiernos de la derecha lo que intentan es que el Estado sea el menor posible.

La 2ª es recortar de los Servicios esenciales para los ciudadanos, de forma que en poco tiempo veremos resurgir empresas privadas que “casualmente” nos ofrezcan esos mismos servicios que la pública no nos da.

Y la 3” aprobar proyectos de Ley de estabilidad presupuestaria que es como si el anterior ludópata, fuera al Notario a hacer un Acta Notarial irrevocable porque no se día de que solo con la notificación anterior al Casino sea suficiente parta que no le dejen entrar a jugar. (Siguiendo el ejemplo anterior).

El problema de la sociedad española, que no de los políticos españoles que no me interesan para nada. El problema de la sociedad española es que haya consumo para que haya economía, para que haya trabajo y se normalice mas pronto que tarde la situación.

Parece que la Gran Banca esta mas preocupada por sanear sus Balances y ganar dinero con la “barra libre” del BCA y la compra de deuda país, que en apostar por reflotar la economía que es de donde “se supone” deberían sustentarse sus beneficios.

Con todo lo anterior, los ciudadanos que pasamos muchísimo de los políticos, de la “clase política” os decimos.

a.- A los ciudadan@s que votasteis a la clase política del tipo que sea, que exijáis la responsabilidad de ese voto y podáis a vuestros políticos que generen YA, una Banca publica que pueda servir para lo que la Privada no quiere ya hacer, dar crédito.

b.- A los políticos, que lo sois de todos nosotros. Que no sigáis legislando para vosotros, que gastéis solo lo que tenéis de ingresos, que miréis los dineros públicos como si de vuestra casa se tratase y que honréis la confianza que se os ha dado “no metiendo la mano en la Caja”. Es simple, no os parece.

En cuanto a todo lo demás, de verdad dejadnos en paz, poner a nuestra disposición crédito, liquidez en una Banca publica y dejadnos regenerar el tejido que vuestra inoperancia y nuestra “ganas de ser ricos” nos ha hecho llegar hasta donde estamos. Vale.

26/12/11

Definicion de “Confianza-país”.

.Definicion de “Confianza-país”.
Por Marta Riskin
* Antropóloga Universidad Nacional de Rosario.
A partir de la observación del comportamiento de ciertos medios de comunicación y algunos periodistas, Marta Riskin trae a la memoria la utilización de la categoría “riesgo-país” y propone innovar con una nueva: “confianza-país”.

Tan sólo una década atrás, el “riesgo-país” escapó del vocabulario de los especialistas y, distribuido por los multimedios sobre una nación que ya no exportaba productos sino hijos, nos señaló la incompetencia, estupidez e inutilidad de nuestros esfuerzos y proyectos. Una vez cumplida la instauración del “corralito” y al ritmo de las cacerolas, la frase fue perdiendo protagonismo y emigró de las primeras planas, reducida a su verdadera dimensión de sobretasa que paga un país por sus bonos, en relación con la tasa de interés que paga el Tesoro de los Estados Unidos.
Quienes registraron que la publicitada “objetividad” periodística convertía al índice económico en un “caballo de Troya” para favorecer a veintitantos clientes de títulos, alias el “mercado”, también aprendieron la diferencia entre consumir verdades ajenas y reflexionar por cuenta propia.
Algunos también detectaron que la confianza y la autoestima nacional son factores que influyen en la formación de expectativas económicas, que en definitiva modelan los destinos nacionales.
Como respuesta a una sociedad que reconoce la importancia de los contenidos exhibidos por kioscos, televisores, radios y celulares, en la construcción de nuestra realidad cotidiana, el Congreso Nacional sancionó la ley de medios audiovisuales. La notable diferencia que establece la nueva ley es garantizar que nuestros sentidos no sean rehenes de intereses monopólicos y que podamos elegir entre diversas voces y contenidos, incluidos aquellos que elaboren organizaciones barriales y fundaciones, poetas y músicos del interior profundo, comunidades y minorías.
La ley sólo distribuye la palabra y ofrece la oportunidad de abrirnos a múltiples discursos y puntos de vista. No se ocupa de castigar intenciones destituyentes ni insultos. No exige destacar las obvias similitudes entre la crisis del 2001 con las actuales crisis mundiales o el rol similar que cumplen los globalizados periodistas. Ni siquiera impide el discurso a sembradores de pánico, distraídos y mentirosos profesionales. Sin embargo, las múltiples argucias puestas en marcha para impedir la aplicación de una ley votada por amplia mayoría reconoce cuánto preocupa a ciertos sectores abandonar la exclusividad de la palabra, confrontar argumentos y reconocer los logros y potencialidades del camino que comenzamos a transitar.
Quiénes se oponen a la ley de medios audiovisuales e intentan demorar su vigencia conocen muy bien las dimensiones políticas y económicas de la palabra y las emociones; de modo que su resistencia a la aplicación de la nueva ley implica el tácito reconocimiento del poder de la palabra. Cuando aceptamos que los mensajes distan de ser neutrales y filtran nuestra realidad, también somos capaces de elegir la dirección de nuestros esfuerzos y hasta crear nuestro propio “indicador de solvencia general”. Un índice que bien podría llamarse “confianzapaís” y se construyera con variables que midan resiliencia y cultura de producción, recursos inexplorados y nivel profesional y científico, capacidad creativa y respeto de los derechos humanos, la solidaridad de las mayorías y la aplicación efectiva de justicia social. También, por supuesto, mediría simplemente justicia; ya que la aplicación de la ley de medios otorgará a cada uno de nosotros y nosotras, la efectiva y democrática posibilidad de elegir entre “riesgopaís” y “confianzapaís”.


El Consell, perplejo ante la quiebra.

El Consell, perplejo ante la quiebra.
Gregorio Marin-Levante EMV.
Intentar ubicar lo que está sucediendo con las finanzas de la Generalitat Valenciana (GV) con la prudencia debida y con toda humildad, conduce a distinguir entre el binomio quiebra/suspensión de pagos, términos bien conocidos por muchos, que puede no afectar a deudores financieros pero sí a los no financieros (como es el caso de los que proveen bienes, o trabajan en servicios que son responsabilidad de la GV) y el de default (impago a entidad financiera) que supone que el sistema los profesionales de las finanzas puede reaccionar dejando de prestar tanto al resto de comunidades autónomas (CC AA) como al Reino de España.

Ello quizás ayude a explicar que la preocupación de la GV en estos últimos días se haya centrado mucho en evitar un default que en abonar facturas por bienes y servicios a centenares de empresas y trabajadores.
Éstos operan con una capacidad de reacción local y sólo pueden reaccionar con un cierre patronal o dejando de ir a trabajar; situaciones ambas sin duda muy desagradables para la Comunitat Valenciana, pero con poco reflejo en la calidad de vida de los que viven fuera de ella.
Durante los debates de Les Corts que culminaron, el pasado miércoles, con la aprobación de los presupuestos de la GV, las expresiones referidas al estado de quiebra técnica de nuestra administración autonómica fueron explícita e implícitamente demasiado patentes para que los valencianos puedan aceptar el silencio de Fabra y su equipo.
Fueron unos debates que pusieron de manifiesto la perplejidad que atenaza al equipo de consellers que comanda el president Fabra y que la oposición no parece tener recursos para hacerle reaccionar, si es que ello es factible con el actual estado de la nuestra caja autonómica.
Perplejidad es una palabra quizás benévola pero es mejor recurrir a ella, antes que a sinónimos mas duros: irresolución, confusión, indecisión, etcétera.
Cuando alguien está perplejo es muy difícil que transmita confianza (cuyos sinónimos tiene que ver con presunción, esperanza, viabilidad del camino que se sigue...) y ello se ha reflejado en la falta de respuesta de los valencianos que disponen de algunos ahorros a la emisión de deuda en la que la GV necesitaba colocar 1.800 millones de euros (con la aspiración de llegar a los 2.700) de forma que la operación se quedara en 1.058 millones.
Ningún inversor es necesariamente patriota, pero este balance va a afectar directamente a muchos valencianos, en este caso por una vía próxima a la suspensión de pagos/quiebra.
Parece que la perplejidad de Consell ha tomado la forma de fiasco financiero para la GV.

En palabras de las denostadas agencias del ramo en sus rebajas de calificación, la GV ya habría agotado la mayor parte de sus opciones de financiación, y por si fuera poco, más del 18,5% de la deuda de la GV vence dentro de un año, aunque estas agencias confían en que la Comunitat Valenciana tendrá algún tipo de ayuda financiera o apoyo por parte del Estado.
La pregunta que surge es: ¿está en condiciones el nuevo gobierno de Rajoy de hacer frente a esta situación?

Mas allá de las frases hechas que solo sirven para ocupar los tiempos de Canal 9, el silencio del Consell solo añade preocupación. Con lo ocurrido necesitamos una reacción en algún sentido, bien en forma de una argumentación solvente que desmonte la validez de un diagnóstico tan duro como la quiebra técnica, bien aceptando esta realidad para proponer, como consecuencia, un esfuerzo común de todos los valencianos.
Los analistas indican que al margen del fracaso en la colocación de los bonos patrióticos, la perniciosa ausencia de medidas reales por parte de la GV para recortar gastos y sobre todo proponer nuevos ingresos fiscales.
Desgraciadamente, nuestro perplejo Consell sólo es capaz de quedar a la espera de las medidas que el nuevo presidente del Gobierno pueda adoptar. Los medios de comunicación son coincidentes en el diagnóstico.
En un reciente editorial de Levante-EMV, se decía que parece que se está a la espera que Rajoy, adopte primero sus medidas y dicte las normas a seguir para actuar a continuación a remolque: «Sin embargo, la responsabilidad de gobernar incluye adoptar decisiones difíciles e impopulares. Y hasta ahora, el president Fabra no ha dado suficientes muestras de estar dispuesto a ello pese a la urgencia que requiere la delicada situación actual».

Otro medio encabezaba su información sobre lo acaecido en Les Corts, afirmando que el Consell había perdido el control de la Administración valenciana y se encomendaba al rescate de Rajoy, mientras un tercer medio, en este caso digital, ponía en boca de un destacado empresario una frase contundente: «El inmenso castillo de naipes en que se había convertido la estructura de la GV en los últimos años se ha desmoronado.
Ahora solo queda que Mariano Rajoy nos rescate...».

Todo parece indicar que se dibuja una intervención del Gobierno, pero ¿cuál? Es un rescate que sólo se podrá justificar con unas condiciones durísimas de recorte, pero que nadie sabe como puede materializarse, ni cual va a ser la reacción de aquellas CC AA que sí han tomado medidas impopulares y muy difíciles.
Quizás la traslación de lo que vemos en Europa no sea tan fácil como podríamos pensar. Sabemos lo que significa rescatar a Grecia, Irlanda o Portugal, pero no hay precedentes de una maniobra semejante en el marco del Consejo de Política Fiscal y Financiera.
Tenemos una cierta idea de dónde proviene el dinero destinado a estados intervenidos, sin embargo no parece que el recurso al Instituto de Crédito Oficial o cualquier otro mecanismo que pudiera pensarse, pueda disponer de esta capacidad financiera, ni siquiera del apoyo de otras CC AA.

De hecho, en estas jornadas de aterrizaje del nuevo Gobierno, la opinión dominante es que Fabra, al no clarificar el futuro que aguarda a la sanidad, la educación y las políticas sociales que nuestro estatuto le han confiado que administre y gestione, está siguiendo un camino de deslealtad tanto con los valencianos, como con Rajoy.
Es el momento de recordar que en nuestro ordenamiento jurídico hay disposiciones según las cuales, si determinados servicios básicos no pueden ser garantizados, por las razones que sean, por un gobierno autonómico, el Estado debe hacerse cargo de ellas, con los mecanismos que se consideren mas oportunos. Ha llegado el momento de decir verdad y dejarse de perplejidades suicidas.

Navidades en la puerta de la Calle.Cronica de DOS desahucios.

Me ha parecido realmente estremecedor este articulo y por eso lo transcribo en mi Blog. Podria poner nombres de personas que conozco con similares circunstancias, pero para que.
Solo anado nuestros datos como PAH.Altea por si pueden servir de asidero, de ayuda a alguien que se encuentre en similares circunstancias. Nos hemos juntado en esta Plataforma solo para eso, para ayudar.
Plataforma Afectados p la Hipoteca.ALTEA.
Tel.693.804.937
Skype:pah.altea
Twitter @PAHALTEA
Email:pah.altea@gmail.com
Web ; http://goo.gl/He979

Navidad en la puerta de la calle.
“Dos familias afrontan las fiestas con un futuro marcado por la amenaza de un desahucio. La crisis y los problemas para pagar sus hipotecas les han colocado en una situación límite”.
A Mari Carmen Vázquez le ocurre que cuanto más paga más debe.

A Sandra Córdova le sucede algo parecido: cada vez debe más aunque en su caso es porque paga menos.

Las dos están a punto de perder su piso y este año saben que estas fechas son navideñas porque en la calle hay luces y así lo pone en el calendario.

Mari Carmen cenará hoy pollo y patatas fritas con su marido y sus dos hijos. De postre tomará turrón, pero no comprado sino regalado. «Mi jefa en Eroski Gros me ha dado una cesta para que me ayude a pasar estas fiestas.

Lo digo porque quiero agradecérselo».

Sandra no ve ningún motivo para celebrar nada, y si lo hubiera no tendría con qué hacerlo. «No tengo ni pensada la cena; filete o escalope con patatas fritas o lo que haya».

Ambas mujeres, junto a una vecina de Herrera que por ahora permanece en el anonimato, son las protagonistas de los tres casos que están en manos de Stop Desahucios Gipuzkoa.

Este colectivo nació el pasado verano para respaldar y asesorar a las personas que corren riesgo de que su piso acabe en manos de entidades financieras por impago de hipotecas.

Su objetivo final es el de «detener los desahucios» aunque para ello tengan que impedir físicamente los desalojos.

Los guipuzcoanos que se encuentran en esta situación son más de tres. En el primer semestre de este año se registraron en nuestro territorio 218 órdenes de desalojo, una cantidad que, según Mikel Sánchez, representante de Stop Desahucios, «irá a más con la crisis económica».

Por este motivo, confiesa su sorpresa por el hecho de que hasta el colectivo hayan acudido hasta el momento «solo tres casos».

A su juicio, este escaso número se debe en parte a la vergüenza de los afectados, que «ocultan su situación hasta el punto de que muchas veces ni sus vecinos saben que están a punto de quedarse sin casa».

Para que se rompa el silencio,

Mikel ofrece el teléfono 669 42 85 98, y el correo electrónico 'stopdesahucios@plazan.net' a cualquier afectado que quiera ponerse en contacto con el colectivo.

Mari Carmen Vázquez, de 40 años, casada y con dos hijos, vive en un piso de alquiler en el barrio de Beraun, en Errenteria, justo encima de la vivienda que fue suya hasta que tuvo que venderla para hacer frente a sus deudas.

Su relato es la historia de un tortuoso camino repleto de tasaciones, valoraciones, préstamos, intereses, abogados y costas judiciales que está a punto de acabar con sus padres en la calle.

En 1999 Mari Carmen era propietaria de un piso, con la salvedad de que aún le quedaba por pagar la hipoteca de 200.000 euros que había contraído para comprarlo.

Poco a poco, con su sueldo en una empresa de limpieza y el de su marido como barrendero, iba haciendo frente a las mensualidades, hasta que su mundo comenzó a torcerse cuando su hermano realizó un mal negocio y contrajo deudas.

De mal en peor.

«Para prestarle dinero, mis padres decidieron rehipotecar su casa, que ya tenían pagada desde hacía años, por un valor de 172.000 euros».

El hijo se comprometió a hacerse cargo de la hipoteca, pero no cumplió lo acordado y sus progenitores se vieron convertidos de repente en deudores y, lo que aún es peor, sin dinero para pagar.

En este momento llegó al rescate la entidad financiera. «Me ofrecieron hacerme cargo de la hipoteca de mis padres».

Así lo hizo Mari Carmen, cuyas deudas casi se duplicaron automáticamente sin que su hermano diera señales de vida. En 2006 quedó claro que el matrimonio no podía seguir pagando.

Y en ese otro momento llegó de nuevo al rescate la entidad financiera. «Me propusieron unificar las dos hipotecas y para ello tenían que tasar mi casa, la de mis padres y un piso que teníamos en Extremadura», explica la mujer, que asegura que también le dijeron que «los intereses que teníamos que pagar bajarían al 2%».

Y así volvió a hacerlo Mari Carmen, que vio en ese momento un atisbo de esperanza en su futuro.
Pero lo bueno duró poco porque cuando el papeleo ya estaba hecho, en su sucursal le dieron una noticia muy diferente a la esperada.

Los intereses no eran del 2%, sino del 17%, lo que suponía pagar 1.700 euros al mes, una cantidad similar a lo que ganan ella y su marido juntos. Aún así, con la venta de un garaje y la ayuda de sus amigos, el matrimonio pudo hacer frente a las deudas hasta que les fue imposible hacerlo.

Cuando la vida va mal tiene cierta tendencia a ir peor, que es lo que le ha sucedido a Mari Carmen. Este año ha vendido su piso por 180.000 euros solo para encontrarse con que, tras pagar lo que debía por esa casa, adeuda a la entidad financiera otros 90.000 euros en concepto de intereses y gastos de abogados, además de 2.700 por levantamiento de hipoteca.
Para alivio de los acreedores, ahí está la vivienda de Extremadura, que va a pasar a ser suya aunque no bastará para anular la deuda.

Queda la casa donde aún viven los padres, aunque no se sabe si por mucho tiempo. «El piso ha salido a subasta por 132.000 euros a pesar de que yo dije en la sucursal que había una persona que me lo compraba por 150.000.

Al final se lo han quedado ellos porque nadie pujó», afirma Mari Carmen.

El siguiente paso debería ser el desalojo, pero el proceso está paralizado porque Stop Desahucios ha solicitado justicia gratuita para la mujer, ya que «no puede pagarse un abogado».

El colectivo ha tratado de negociar con la entidad financiera, a la que ha hecho una propuesta formal de dación en pago de la casa y que se permita a los padres de Mari Carmen vivir en ella de alquiler pagando una renta de 400 euros. «Hasta el momento no hemos recibido ninguna respuesta», afirma Mikel Sánchez, que recuerda que «ya hay dos sentencias, en Navarra y Girona, donde se admite la dación».

Si todo falla, «como colectivo intentaremos impedir el desalojo», advierte.

A lo largo de todos estos años Mari Carmen ha acudido en incontables ocasiones a su entidad financiera, donde ha recibido numerosos consejos para arreglar sus dificultades.

«Me dijeron que si les dejaba las llaves de los pisos se acababa el problema, también me insinuaron que mis hijos podrían pagar en el futuro y me recordaron que mi suegra tenía una vivienda y la podía hipotecar».

Por lo menos, el director de una sucursal se mostró algo más sensible. «Me dijo que yo iba a ser el motivo de su depresión».

Con el tiempo las cosas han cambiado. «Ahora ni me reciben, me dicen que no quieren ni hablar del caso», indica Mari Carmen, que recuerda que cada vez que salía de la sucursal lo hacía «llorando y con un sentimiento de humillación». Ella repite que no se niega a saldar sus deudas e insiste en que su mayor aspiración es no quedar «hipotecada de por vida». «Quiero que me dejen empezar de cero, yo ya he pagado», asegura.

Unos atrasos.

También pagaba Sandra Córdova hasta que su entidad financiera le dijo que el dinero que había abonado durante siete años no servía para nada porque se había retrasado en el pago de las mensualidades durante dos años.

Sandra, de 45 años, es chilena y vive desde hace 21 años en Euskadi con sus tres hijos. En 2002 compró junto a su pareja un piso en el centro de Mutriku. «Nos costó 199.800 euros pero estaba en ruinas y tuvimos que echarlo abajo para reformarlo por completo.

Para hacer frente a los gastos pedimos al banco un crédito de 199.000 euros», afirma.

Durante varios años todo funcionó a la perfección. Comenzaron pagando al mes 1.086 euros por los intereses y poco a poco lograron reducir esta cantidad hasta los 800 euros.

Pero llegó la crisis y en 2009 dejaron de abonar la cuota completa. Sandra, que trabaja en una empresa de piezas de coche, gana al mes poco más de 700 euros.

Su pareja, que ya no vive con ella y desempeña trabajos temporales, hace lo que puede para ayudar a reducir la hipoteca. Pero no es suficiente. «Hemos ido pagando lo que podíamos y con retrasos porque no tenemos dinero».

El resultado es que ahora debe más de lo que pidió en su día. En octubre la entidad financiera le envió un burofax en el que le informaba amablemente de que le cancelaba el contrato y le reclamaba la deuda completa, así como algunos otros detalles más.

Entre unas cosas y otras, señala, ahora debe unos 229.000 euros. «Me han dicho que si no quiero perder el piso tengo que dar ahora 30.000 euros de atrasos y costas, y luego devolver los 199.000 del crédito, porque lo que he pagado hasta ahora no sirve para nada. Cada vez debo más dinero», se lamenta Sandra.

Ella intenta negociar, aunque con poco éxito. Ahora que cuenta con la ayuda de los servicios sociales, ha propuesto a la entidad financiera empezar a pagar de nuevo la cuota más una cantidad para ir cancelando los atrasos.

Pero la respuesta que ha recibido no es demasiado satisfactoria. «Ellos se han negado y me han dicho que no ingrese más dinero porque ya se ha abierto el procedimiento de desahucio».

Así es como afronta Sandra estas Navidades. Hace años que no hay regalos en su familia y ni si quiera sabe dónde dormirá dentro de doce meses. «No tengo salida, no me dan soluciones. Si nos quitan el piso no tenemos dónde ir, vamos a acabar en la calle».
Esta Nochebuena los padres de Mari Carmen cenarán solos. «No han querido venir con nosotros porque prefieren quedarse en su casa, no tienen humor para celebrar nada».

Mañana no habrá regalos. «Mis hijos me han dicho que no quieren nada -afirma Mari Carmen-. Solo esperan que se solucione todo».